lunes, 9 de febrero de 2015

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Je Suis Charlie


Un mundo de locos. Doce personas han perdido la vida después de que dos yihadistas entrasen en el semanario satírico Chalie Abdo y les abatiesen a tiros. El periódico estaba en la diana de los radicales tras publicar las caricaturas de Mahoma. Je Suis Charlie
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Sin las mitologías del surco

L
a verdad nunca fue escrita realmente como algo certero, pero sí teniendo como objetivo algún tipo de combinaciones reales. Óscar García Blesa, ante todo, es un amante de la música que recaló en Warner y Sony. Ahora trabaja para Napster, en competición con Deezer y Spotify, pero lo que atañe a la siguiente entrevista es su libro titulado Cintas de Cassette – La cara B de la música. En la obra se narran historias y tramas que podían contar mucho de las andazas del negocio musical. 

Desde que empieza hasta que termina, el libro tiene un trasfondo curioso: la pasión por la música en la industria. ¿Se trata de demostrar con tu experiencia que en las discográficas y demás sí se entiende de música, en contra de lo que cree la opinión general?
El libro está escrito por alguien que ama la música y circunstancialmente ha terminado trabajando en el negocio, haciendo de su pasión un oficio. Mi rol de aficionado es muy anterior al de trabajador. El negocio de la música tiene profesionales competentes y personajes ineptos, imagino que exactamente igual que en cualquier otro sector. 

¿Te has ganado algún enemigo por haber escrito “Cintas de cassette – La cara B de la música”?
No lo creo. Todos los personajes que aparecen están tratados con respeto y, mayoritariamente, con admiración. Hasta hoy nadie ha llamado para quejarse. 

¿Por qué crees que se piensa que el hecho de ser un alto cargo tiene que estar reñido con el buen gusto?
Los trabajadores de cualquier sector tratan de hacer negocio con su producto, quieren ganarse la vida vendiendo algo, a cuanta más gente mejor. El negocio de la música no es distinto. La cuestión no está en el gusto de uno mismo, sino en cuánta gente vas a convencer para que compren la música que promueves en ese momento. En ocasiones, lo que tratas de vender coincide con tus gustos personales, aunque no muy a menudo, la verdad. Objetivamente, bueno o malo, lo decide el beneficio. Hay álbumes artísticamente pobres que me han dado muchas alegrías vendiendo como rosquillas y otros notablemente ricos, desde un punto de vista musical, con los que he pasado malos momentos por sus pobres ventas. 

La industria discográfica es por definición un negocio de canciones.
En tu caso, muy bien ejemplificado, describes experiencias personales siempre ligadas con la música de modo que acaban siendo interiorizadas por el que está leyendo la historia. ¿Realmente es la misma pasión aunque el gusto sea diferente en cada uno de nosotros?
¡Claro! Es imposible transmitir pasión si no crees en lo que haces. Es tu trabajo, estás obligado a mostrar respeto por todos los artistas que trabajan contigo. Después de casi 20 años te podría decir que no siento afinidad por la propuesta musical de, digamos, el 80% de los artistas con los que he trabajado. Pero una cosa es segura, en el 100% de los casos he puesto toda mi energía para conseguir que sus canciones llegaran al mayor número de personas posible. En el libro comparto experiencias con artistas que me han resultado enriquecedoras sin ponerle nota a la calidad de su propuesta musical. 

Y voy más allá: ¿qué demonios sería “el buen gusto”?
El buen gusto es una patraña. Desde mi punto de vista el buen gusto tiene mucho que ver con el contexto; lo que cada uno decide que le hace disfrutar en cada momento, individualmente o en grupo y dependiendo del estado de ánimo. ‘Vivir así es morir de amor’ de Camilo Sesto puede ser de un gusto exquisito en el contexto adecuado. Es fácil confundir el buen gusto con el esnobismo. 

Tomas a Rob Gordon (protagonista de “High Fidelity”) como guía. No obstante, veo que tu libro se asemeja mucho más al “31 Canciones” de Nick Hornby, por eso de narrar todo de una forma más humana.
Estoy de acuerdo. “31 canciones” tiene una estructura parecida a “Cintas De Cassette”. Hornby utiliza canciones y yo conciertos, fechas que me dan la excusa para contextualizar en el tiempo la trama. En “Alta Fidelidad” Hornby maneja muy bien la compleja personalidad de su protagonista. La manera en la que mezcla su rol de melómano enfermizo con su catastrófica vida sentimental me parece divertida y en cierto modo encierra un entrañable patetismo. Los compradores de discos somos un rara avis bastante incomprendidos. Establecer paralelismos con Rob Gordon en el libro tenía sentido. Cuando analizo el personaje veo lugares comunes con mi yo melómano que me hacen gracia. 

Es más, veo un nexo común entre lo que cuentas sobre el ‘I gotta feeling’ de Black Eyed Peas (“una canción redonda construida de imparable hedonismo con el sano y único propósito de hacer que otros lo pasen bien”) y lo que Hornby dice de Nelly Furtado y su ‘I’m like a bird’ (“pienso que es una canción pop muy buena, con una languidez soñadora y un optimismo marcado que la distingue inmediatamente de sus iguales anémicas y raquíticas”). Al final, se trata de explicar que hay bonitas canciones dentro del pop para vivir la vida, sin más. ¿Será que los que estamos en el negocio creemos que la música tiene que ser algo serio?
La industria discográfica es por definición un negocio de canciones. Al final del viaje, por encima de modas, artistas o etiquetas, lo que queda es la canción. Utilizo ‘I gotta feeling’ sólo como ejemplo. Tres minutos bien construidos que en su contexto lúdico cumplen a la perfección su objetivo. Que la canción sea balada lacrimógena o up tempo  bailable es intrascendente, en el contexto siempre está la clave.  

Hay mucha desinformación respecto a la industria, es un sector en el que cualquiera cree que es una voz autorizada.
Haciendo un ejercicio de autocrítica, te diré que es posible que España, al ser un país tan pequeño (geográficamente hablando) con una escasez cultural tan remarcada, tiene unos “profesionales de la crítica” que tratan de aparentar demasiado una pose “cultureta” antes que un oficio tan bonito como el de periodista musical. O sea, que parece que escriben tratando de demostrar algo.
Hay una marcada tendencia a “boicotear” proyectos de éxito por el simple motivo de tener éxito. Es difícil encontrar firmas cualificadas hablando bien de artistas mainstream. Honestamente creo que se escudan en defender propuestas minoritarias por miedo al qué dirán, temerosos de que su gremio los tache de traidores. Es mucho más valiente hacer una columna sesuda defendiendo ‘Gangnam Style’, que alabar el próximo disco de Sigur Rós aunque éste fuese una colección de descartes infumables. Me parece de mira muy corta que los medios musicales le den la espalda a un fenómeno global y defiendan propuestas minúsculas por puro paripé. Da un poco de risa la sección de crítica de discos en revistas como Rockdelux. Esa marginación voluntaria defendiendo supuestas élites musicales les lleva a un escenario más sonrojante que creíble. 

También es cierto que conociendo rasgos que muestras sobre la industria uno termina por apreciarla un poco más, comprobando que no son el “enemigo”. ¿Es ese ansia “elitista” un fuerte promotor del prejuicio y la ignorancia?
Hay mucha desinformación respecto a la industria, es un sector en el que cualquiera cree que es una voz autorizada. En cualquier discusión de barra de bar la gente opina alegremente sobre cachés, ingresos o cualquier otra cosa que se les ocurra en ese momento. Todo el mundo sabe de música, todo el mundo opina, todo el mundo contamina. Claro que se han hecho cosas mal en el sector. La llegada del formato CD regaló un espejismo y en lugar de preparar un plan B, exprimió a la vaca hasta matarla. La industria combatió penosamente la llegada de la piratería, tratando de eliminar manteros por la calle en lugar de legislar adecuadamente internet y educar al usuario. Cuando se puso en marcha ya era demasiado tarde. Pero, honestamente, las cosas mal hechas obedecen a la incapacidad de sus gestores para adaptarse a los nuevos tiempos. Nunca hubo maldad premeditada. 

Destaco la historia sobre el relanzamiento de Claudio Baglioni y la apuesta de Pereza cuando iban a sacar “Animales”. ¿Hasta qué punto tenías tan claro que las cosas iban a terminar bien? ¿Es una cosa de corazonadas o más bien de cabezonería para demostrar que hay que otorgar oportunidades?
Cada proyecto tiene una vida independiente, cada artista tiene sus particularidades. El proyecto Baglioni (“Todo Baglioni. Éxitos en español”) lo lideré con la absoluta convicción de que funcionaría. Siempre he lanzado proyectos pensando que serían un éxito. Con Baglioni tuve la oportunidad de trabajar codo con codo con uno de los artistas europeos más grandes de las últimas cuatro décadas. En lo personal eso ya es un éxito, aunque las ventas al final no fueran las esperadas. Esas cosas pasan. El caso de Pereza es diferente. Yo aterricé en RCA antes de empezar a grabar el tercer disco del grupo (“Animales”). La compañía ya había realizado una inversión importante con los dos primeros y de alguna manera “Animales” era el ser o no ser para el grupo. El disco estaba lleno de singles y la radio los abrazó como abanderados de un cambio musical. Hicieron la canción adecuada en el momento adecuado. Yo solo les acompañé en el viaje aportando recursos de marketing y tratando de asesorarles a la hora de tomar decisiones adecuadas. 

Aunque no siempre se acierta o se logra coincidir con ambos bandos (artista y oficina). J de Los Planetas no pareció tomárselo muy bien. Aunque claro, la personalidad de J es otro cantar.
A J le traicioné. Y así lo explico en el libro. Aquello salvó mi presupuesto un mes, pero liquidó mi credibilidad con el artista. Contarlo en el libro ha sido un ejercicio de exorcismo. 

Volviendo al tema “apuestas”, no puedo evitar rasgarme las vestiduras cuando pienso en la poca bola que se les da a los grupos nacionales en las portadas de la mayoría de las revistas musicales de este país. ¿No gustan lo suficiente? ¿Las disqueras “compran” portadas para lanzar productos más masivos? ¿Tanto se repudia la música española entre la crítica?
Que yo sepa, las disqueras no han comprado portadas en ninguna publicación. El porcentaje de ventas del producto local versus internacional sigue cayendo del lado local, por lo que tendría sentido apoyar más a menudo producto nacional. Si los medios no apoyan más artistas nacionales quizás tenga que ver con una marcada tendencia paleta. Existe la creencia, y se ha transmitido a lo largo de muchas generaciones, que lo de fuera es mejor. No creo que Lori Meyers, o La Habitación Roja, o Iván Ferreiro por poner un ejemplo, tengan nada que envidiar a propuestas pop que vengan desde fuera. 

En el libro denuncio al profesional vago e irrespetuoso y la falta de tacto de la industria con los medios en algunos momentos.
Bueno, fuiste músico y también plumilla, así que conocías muy bien todos los frentes del negocio. Y, por supuesto, también eres parte del público. ¿Crees que es indispensable conocer todos los campos para saber qué frentes atacar cuando se trata de vender un producto? Vaya, como el pirómano que termina siendo bombero.
No creo que sea indispensable, aunque ir a conciertos desde muy pequeño, haber tocado en un grupo o tener inquietudes para montar un fanzine fotocopiado con quince o dieciséis años evidentemente deja bien claro que la música es una variable importante en tu vida. Toda esa información la interiorizas y me ha sido útil en estudios de grabación, para sentarme delante de un artista o simplemente a la hora de escribir la hoja de promoción de un lanzamiento. 

¿Puede ser fan una persona que trabaja en el negocio? Ya sabes que hay ciertas reglas no escritas que “prohíben” las fotos y los autógrafos, aunque siempre están las excepciones. Impagable el momento con Bono que describes.
Por supuesto. Me arrepiento de no haber sido más fan durante mis años en Warner y Sony. Fue una estupidez adoptar esa pose de trabajador intachable que no se hace fotos ni pide autógrafos. Me encantaría tener ahora fotos con Springsteen, Madonna, Eric Clapton, Rod Stewart, etc. Pero eso ya es imposible. El momento con Bono trata de explicar exactamente eso. En lugar de actuar como un tipo asombrado por poder cruzar unas palabras con un icono pop, te escabulles actuando con una patética naturalidad. El resultado es penoso. Es mucho más honesto sacar el móvil y pedirle una foto. 

¿Cómo llega uno a ser directivo de una multinacional o A&R? ¿Es necesario pasar por una serie de “escalones” o basta con tener ciertos conocimientos musicales y/o empresariales?
Warner tenía un plan de formación muy interesante. Los nuevos trabajadores entraban desde el departamento comercial y la red de ventas se convertía de esta manera en la cantera de la compañía. La red de ventas conocía el catálogo al dedillo. Etiquetaban, pasaban pedidos por fax, reponían, pasaban horas en el almacén, decoraban escaparates, etc. Cuando los departamentos de marketing y producto, el de promoción o el de A&R necesitaban nuevas incorporaciones, los vendedores más preparados ocupaban las vacantes. Esta fórmula permitía que en el medio plazo todos los empleados llevaran en su sangre el ADN de la compañía, y por extensión, Warner surtía de empleados cualificados al resto de la industria, ya de por sí muy endogámica. No hablo de la prehistoria, pues hasta el año pasado, los A&R de las cuatro multinacionales en España habían pasado por Warner. Universal (Nacho Ventosa), Warner (Txema Rosique), EMI (Diego Toran) y SONY (Alex Gallardo).  

Hay pasajes del libro en los que se habla de los “buenos tiempos”, cuando se viajaba en primera, o el tema de la piratería y cómo los sellos enviaban los discos promocionales. ¿Piensas que se derrochó demasiado y que, como se suele decir, se vivió “por encima de nuestras posibilidades”?
Hay presupuestos de grabación de discos o rodajes de vídeos francamente escandalosos si los vemos hoy. En un país acostumbrado a burbujas, el presupuesto de la grabación de un disco en, por ejemplo 1999, no era una excepción. En el libro, la reflexión presupuestaria en relación a las escuchas de los discos por parte de los medios no la hago juzgando si un millón de euros es mucho o es poco para grabar un disco, sólo quise preguntarme si después de ese elevado gasto, una miserable cinta de cassette es la mejor manera de hacer que los periodistas juzguen el producto final. A mi modo de ver es un contrasentido surrealista. No me imagino un pase promocional de una película en un formato que intencionadamente haga que la experiencia para los medios sea peor. 

Sin embargo, las cosas no cambian. Hay cierta facilidad, en la actualidad, para escuchar un disco antes de preparar una entrevista: envían un enlace con un stream y ya casi no mandan un ejemplar físico a casa. Aun así, hay periodistas que ni se lo escuchan. Tú pasaste por algo parecido cuando entrevistaste a Radiohead, pero me pregunto si el periodismo musical se ha acomodado a esos “buenos tiempos”.
Evidentemente hoy hay nuevos soportes que facilitan la distribución promocional de música, y mucho de lo cuento coincide en el tiempo con la irrupción de la piratería, donde la industria trató de defenderse como pudo. Con perspectiva es bastante ingenuo pensar que esas copias en cassette frenarían la piratería. Respecto a lo de Radiohead, ojo, lo explico en el libro y fue un accidente, una casualidad. Siempre escuché los discos antes de hacer entrevistas. Ese capítulo denuncia la falta de profesionalidad y sobre todo la falta de respeto de un periodista que se presenta a una entrevista sin conocer ni un solo detalle del producto creado por el entrevistado. En el libro denuncio al profesional vago e irrespetuoso y la falta de tacto de la industria con los medios en algunos momentos, ofreciendo herramientas de trabajo lamentables y un trato personal de dudosa elegancia. 

En mi caso y en el de mis compañeros, ¿crees que estamos en un momento muy jodido con respecto a nuestra profesión (“hobby” para otros)?
España no tiene líderes de opinión en el sector, no hay voces autorizadas que puedan utilizar altavoces fuera del contexto estrictamente musical, no hay una cara conocida en la tele que la gente relacione directamente con música. España no tiene a un John Peel o a un Jools Holland. La música, por lo general, no se toma demasiado en serio. Entiendo que utilizas la palabra “hobby” con ironía. Es curioso cómo, aún hoy, después de tantos años, la gente sigue pensando que trabajar en la música en realidad no es un “trabajo”. Alejandro Sanz, hace años, contaba cómo después de ser un artista muy conocido, en cierta ocasión le preguntaron por su profesión. Él contestó que era músico. Volvieron a la carga y le insistieron: “Ya, pero me refiero a que en qué trabajas”. Un tío al que le envían discos, va a conciertos y luego lo cuenta en un diario, para muchos no reúne las condiciones necesarias para ser considerado trabajo, y en consecuencia tomárselo en serio. Es lo que hay. 

Leyendo por encima la hoja promocional del artista podías fácilmente inventar un discurso coherente.
Pero francamente, un caso que vendría a explicar lo que fue el pasado y lo que es el futuro sería lo de Al Stewart en la sala Ktedral. ¿Se siente lástima en ese momento o más bien despertó en ti un sentimiento mayor de admiración hacia Al Stewart?
Aquel encuentro fue anecdótico pero revelador. En primer lugar, por tratarse de un artista al que admiro, pero sobre todo por permitirme acceder por primera vez a la trastienda del negocio de manera transparente y cruel. Fue todo demasiado humano. Hasta ese día había idealizado demasiado al personaje que vivía encima de un escenario. La realidad es mucho más de andar por casa. 

Podría extenderme más con los “momentos delirantes” que forman parte del final del libro. De entre todos ellos destaco el de la traducción de la rueda de prensa de Loreena McKnennitt en la que hiciste de traductor inventándote todo. ¿No tuviste remordimientos después? ¿No te entraba la risa al ver lo que los medios transcribieron?
Ningún remordimiento. Actué de manera muy profesional. En el libro menciono lo poco originales que por lo general son los artistas durante sus períodos promocionales. Leyendo por encima la hoja promocional del artista podías fácilmente inventar un discurso coherente. No lo recuerdo, pero es posible que los periodistas también se inventaran su transcripción. 

Y al igual que tu obra, doy por finalizada la entrevista hablando del encuentro telefónico entre Alejandro Sanz y Michael Jackson. ¿Nunca se supo qué fue lo que le dijo Michael a Alejandro? He visto el vídeo y Sanz parece muy cortado al final: “Que abrazos para todos. ¿Vamos a cantar?”.
De manera intencionada, el libro empieza con algo muy grande, un hecho que cambió el mundo como fue el 11 de Septiembre, y termina con algo minúsculo, algo que perfectamente podría haber pasado inadvertido para siempre, de hecho algo que guardará sus secretos para siempre. Esa era la idea, nadie podrá saber nunca qué es lo que decía el bueno de Michael Jackson desde el otro lado de la línea. Lo imagino acariciando a su mono Bubbles recorriendo los pasillos de Neverland y me divierte pensar en una conversación inventada. Me imagino preguntas delirantes entre los dos: “¿Qué tal la familia?”, “¿La paella si lleva pollo es paella?”, “¿Qué tal tiempo hace por Benidorm?”. Lo absurdo de la historia es el retrato surrealista de la situación: un montón de gente grabando con sus cámaras una conversación absolutamente intrascendente, y quién sabe si inexistente. Es bastante común en el sector dar importancia a momentos irrelevantes, dejando de lado pequeños detalles mucho más jugosos. El capitulo cierra con “Bad” en tono irónico, una gamberrada final. 

Quería acabar, pero casi olvido una pregunta clave: ¿No te has quedado con ganas de más? O sea, que si al final habrá una segunda parte.
Tengo ganas de contar más, (seguramente una prolongación del capítulo de los momentos delirantes) aunque de momento una segunda parte tendrá que esperar. Lo que sí tengo terminado es un proyecto personal, nada que ver con la música, un intercambio de cartas de dos antepasados entre los años 1890 y 1913 con bastante punto.

texto: Carlos H. Vázquez
http://www.paisajeselectricos.com/2013/10/31/oscar-garcia-blesa-sin-las-mitologias-del-surco/
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EL libro que te cuenta la cara B. Divinity.

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Madonna es la artista más "carismática", Alejandro Sanz el que más "guasa tiene", David Summers "uno de los más inteligentes"…  Así define Oscar García Blesa a algunos de los cantantes que conoció a lo largo de sus quince años trabajando en la industria de la música. Decenas de anécdotas con artistas como Nirvana, U2, Justin Timberlake, David Bowie, Springsteen o Michael Jackson que ha recogido en 'Cintas de Cassette. La cara b de la música', un libro imprescindible para quien, como él, no pueda resistirse al ritmo.
libro

Una canción de Iván Ferreiro se cuela por entre los tonos del teléfono. Incluso antes de hablar con García Blesa (Barcelona 1971) se nota que la música le atraviesa de arriba abajo. Además de grabar cassettes a sus novias con mezclas imposibles, en los noventa flirteó con el 'underground' desde su fanzine y luego pasó al trato directo con el sector como director de Marketing en Warner Music y director de la discográfica RCA.
"Conseguí hacer de mi pasión mi profesión", nos cuenta. En ese tiempo trabajó con los artistas nacionales más importantes (Sanz, Bosé, Pereza, Los Planetas, Piratas..) e internacionales,(The Strokes, Maroon 5, Santana, Justin Timberlake, Christina Aguilera, Pink, Mina…). De todos ellos guarda un arsenal de anécdotas, que ha ido desglosando en el libro, al mismo tiempo que describe la metamorfosis y declive de la industria. También hay alusiones a películas como 'Los Goonies' o 'Regreso al futuro', su filme favorito, que le sirven para contextualizar. Le pedimos que nos chive la 'cara b' de sus encuentros (o encontronazos) con algunos de los músicos más importantes del siglo.
ALEJANDRO SANZ, LA 'EMBAJADA' DE LOS BANDERAS Y EL 11-S
El libro comienza con una anécdota de la historia reciente del siglo. Cuando los dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas el 11 de Septiembre de 2001, García Blesa se encontraba junto con Alejandro Sanz en Los Ángeles, donde el artista iba a actuar en los Grammy y grabar un disco MTV Umplugged. No pudo ser. El país se paralizó y los Banderas organizaron una paella en mansión para todos los españoles que en esos momentos se quedaron bloqueados en la ciudad. "Nadie sabía qué iba a pasar, parecía que el mundo iba a colapsarse y Antonio y Melanie nos acogieron como en un hogar", explica García Bliesa.
libro
JUSTIN TIMBERLAKE Y LAS FIESTAS
"Estábamos en París, presentando su disco. Es un ejemplo de artista global y en el libro viene al caso porque le suelo poner de ejemplo también de cómo siempre hay una fiesta aún más privada a la que no estrás invitado. Estuvimos con él y Cameron Díaz, su chica de entonces, en el camerino y ellos mismos nos invitaron a una fiesta súper privada de después, a la que por supuesto no fueron".

MADONNA, LA DIVA
"La verdad es que ilumina la habitación cuando entra. Se nota que desprende carisma. Creo que es la artista más carismática de los que me he encontrado. Preparamos una rueda de prensa con los medios españoles en Madrid y aquello se nos fue de las manos porque todo el mundo quería estar allí. Su representante lo vio y nos dijo que hasta que no supiésemos los medios concretos que había, Madonna no bajaría. Hubo que pasar lista en fila y luego, cuando todo estuvo milimetrado, ella bajó radiante".

libro
'HOMBRES G', TALENTO MADE IN SPAIN
"Les tengo mucho cariño. Trabajé con el grupo y también con Summer en solitario. Es un tío muy inteligente, de los más. Es una pena que de una imagen a veces diferente a cómo es: se le tiene por un tipo a veces un poco 'ñoño', cuando es uno de los mejores compositores de España. Habría que saber valorar a gente que ha sabido estar en la música de primer nivel durante décadas y que forma parte de la vida de la gente".

libro
SPRINGSTEEN Y LA VIUDA DE ROY ORBISON
"2005, concierto del Boss en el Palacio de los Deportes de Madrid. El propio Spingsteen nos invita a los de la discográfica a la fiesta privada de después en la habitación de su hotel. Llegamos, mientras todo el mundo está medio revolucionado intentando intercambiar unas palabras con él, me siento en una mesa alejada junto a una mujer. Acabó siendo la esposa del desaparecido Roy Orbison, uno de los tíos más guays del rock. Barbara acabó contándome anécdotas de su marido con Johnny Cash o Bob Dylan… con permiso de Springsteen, eso sí que fue un viaje en el rock y en el tiempo".  

libro
U2 Y LOS PASILLOS
"Teníamos un concierto de varios grupos y yo estaba controlando en el backstage que todo estaba en orden. Eran los ensayos. Me di unos cuantos paseos hasta que, al fondo, apareció alguien. Estábamos los dos solos. Me puse tan nervioso que pregunté lo peor que se puede preguntar: "Are you Bono?" ("¿Eres Bono?"). Me miró como flipándolo".

LOS PLANETAS Y EL ARTE
"Los conozco mucho, son fascinantes. A nivel artístico me apasionan. Son muy raros, muy especiales, y también muy desconfiados. Lo hacen todo por impulsos, por eso a veces tienen conciertos deplorables y otras asombrosos. He pasado grandes momentos artísticos con ellos, sobre todo con J".

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Radiohead. Extracto Cintas de cassette



Durante el verano de 1993 estuve trabajando como Líder De Actividades De Tiempo Libre, (Group Leader en Inglés) en Oxford, un eufemismo extraordinariamente cursi para referirse a un pedestre monitor.

A pesar de que estaban juntos desde 1985, no había en 1993 en Oxford indicio alguno de que en algún local de ensayo de la coqueta ciudad, cinco jóvenes universitarios tramaran a hurtadillas dar un vuelco global al adormecido mercado musical. Por entonces, todo sonaba a Seattle y Grunge era la palabra clave para entender el negocio del rock. On A Friday, grupo formado por Thom Yorke, Ed O’Brien y Colin Greenwood, acababan de firmar por EMI, quiénes en primer lugar y antes de editar su primer sencillo, les obligaron a cambiar de nombre.

Tomándolo del título de una canción del True Stories de Talking Heads, On A Friday se convirtieron en Radiohead, publicaron Drill, un primer EP absolutamente intrascendente, y más tarde Pablo Honey, un álbum de debut incomprendido. Con los ecos de “Creep” regresé a Madrid con una tarjeta de felicitación gigante firmada por mi grupo de estudiantes estivales con todo tipo de halagos adolescentes del estilo “Al monitor más guay” y otras muchas dedicatorias igual de maduras.   

En 1993, una vez publicado Pablo Honey, el run run de un inusitado hit alternativo en forma de canción fue recorriendo Estados Unidos en primer lugar, después Inglaterra, más tarde el resto de Europa, y por último, España. “Creep”, una desgarradora historia de desamor, a medio camino del sonido efervescente de los Pixies y las guitarras hirientes de Nirvana, se convirtió en un inesperado éxito, ofreciendo a Radiohead la oportunidad de presentarse al mundo con un sencillo ideal para los karaokes de las fiestas indies.

(Dos años más tarde)

Entramos por la calle Princesa con el tiempo justo. Era mi primera entrevista para el fanzine y, de alguna manera, estaba algo nervioso. No eran nervios de esos que te abrazan cuando estas esperado algo importante, o de esos otros que te retuercen el estomago cuando alguna cosa no sale exactamente como esperas. Estos nervios eran más del estilo primer día en el colegio o conociendo a mis nuevos compañeros del trabajo. Más preocupado por estar a la altura y causar una buena impresión que otra cosa. 

Radiohead no eran aún estrellas, o al menos no en España, pero se trataba sin duda de una banda importante. Llegó Radiohead a Madrid para presentar a los medios The Bends, su segundo disco tras la sorprendente resurrección de Pablo Honeya rebufo del éxito de “Creep”. A la hora prevista, sin un solo minuto de retraso, nos presentamos ante Marta, la responsable de prensa de EMI preparados para entrevistar al grupo.

-¿Habéis escuchado el disco verdad?

-Si claro, una pasada, es increíble, mucho más cohesionado que el primero- (Por supuesto mentimos. El disco no llegó a tiempo al buzón del apartado de correos del fanzine y nos presentamos en el hotel solo con un par de escuchas del single).

-¡Genial!, Thom acaba de tirar abajo una entrevista al enterarse de que el periodista no había escuchado el disco y está hecho una fiera. Sois los siguientes.

-Normal- le dijimos con una hipócrita complicidad, (eso sí, todo muy profesional), mientras Marta nos acompañaba hasta la salita donde nos esperaba Radiohead.

Aquel día no me sentí especialmente orgulloso de entrevistar al grupo sin haber escuchado previamente su trabajo, (nunca lo volví a hacer), aunque súbitamente me asaltaron ciertas dudas sobre el gremio del periodismo musical. Yo pertenecía al inframundo, el marginal y casi inadvertido gueto de los fanzines, aunque no lo suficientemente undergroundcomo para entender que un periodista de un diario nacional se presentara a entrevistar al grupo de moda sin escuchar su disco. Y mucho menos que fuera lo bastante idiota como para reconocerlo. El histórico recelo de los artistas con la prensa musical especializada está perfectamente justificado con episodios como el de Radiohead. Y otros muchos que tuve la oportunidad de vivir en primera persona durante los años siguientes.

-¡Puto chiflado!

Esas fueron las primeras palabras que me dirigió Thom Yorke después de estrecharme la mano e invitarme a que me sentara en el sofá junto a sus compañeros Ed O’brien y Phil Selway (bajista y batería de Radiohead).

-El tío va y se sienta aquí a mi lado para hacerme preguntas de mi puto disco que no se ha molestado en escuchar. Es una falta de respeto, ¿no crees? Por cierto, ¿Te ha gustado?
Durante tres o cuatro segundos estuve a punto de confesarlo todo, como en las películas de detectives donde el policía interroga al sospechoso sentado frente a una mesa en un cuarto con un espejo que en realidad no es un espejo y se utiliza para observar las reacciones del asesino desde una habitación contigua. -Es cierto, fui yo, ¡No escuché el disco!...
En realidad no fue para tanto, simplemente y por segunda vez en diez minutos, volví a mentir.
-¡Fantástico!, me ha gustado mucho, un disco increíble, ¡felicidades!

Así de sencillo.

Tenía 30 minutos para entrevistar a Radiohead, pero como el periodista anterior perdió su oportunidad, (merecidamente por cierto), estuve hablando con Yorke y el resto de la banda durante casi una hora.

Los primeros veinte minutos de entrevista los maneje sin problemas hablando con Thom Yorke del pasado. Me sabía de memoria Pablo Honey, así que no me resultó especialmente difícil entablar una conversación amigable con él. Muy por encima, pasé por delante de “High And Dry”, primer sencillo de The Bends y única canción que había escuchado del nuevo disco. El resto del tiempo, y hasta el final de aquel encuentro, hablamos de Oxford, de otras bandas locales como Ride, Supergrass o The Candy Skins. Le dije que estuve trabajando en Abingdon, un pueblecito cerca de Oxford como Group Leader, a lo que jocosamente Yorke me contestó, -Ah, claro, Group Leader, igual que yo-.

Oscar Redondo inició después la sesión de fotos con la pistola y nos marchamos de allí con una buena entrevista debajo del brazo y un montón de fotos chulas del líder del grupo del momento jugueteando con una pistola.

Al día siguiente el grupo ofrecería sólo para unos pocos afortunados un concierto gastronómico (que diría el manager de los Estopa), en el Circulo De Bellas Artes de Madrid. A pesar de la hora, (la de comer), Radiohead presentó las canciones de The Bends con la misma intensidad que en el horario habitual de los conciertos. Fue una actuación asombrosa.  

Y que nadie piense nunca que la policía es tonta. Thom Yorke supo desde el primer minuto de entrevista que yo no había escuchado ni una sola nota de su disco. Mi juventud y probablemente la evidente aunque entrañable falta de experiencia jugaron a mí favor. El cantante, simplemente, decidió hacerse el loco.

¿Cuántas veces lo habré escuchado desde entonces? ¿Cien? The Bends, de largo, es mi álbum favorito de Radiohead.       





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Como capar un bolígrafo



A continuación detallamos visualmente como proceder a capar la capucha de un boligrafo BIC, acción desarrollada fundamentalmente por el macho joven en etapa de crecimiento:

1. Necesitara boligrafo con capucha de marca BIC (esto es importante). El color no tiene relevancia en el resultado final (azul aspecto más clasico, rojo más espectacular).

2. Coloquese capucha entre dedos anular e indice, apoyando base del objeto sobre el dedo corazón. Muy importante colocar capucha en posición que no dañe dedo (ver foto).

3. Desde la posicion 2, golpear fuertemente mano contra rodilla (recomendable no usar bermudas).

4. Si el golpeo ha sido energico, la gilipollez debe dar resultado (ver foto).






Publicado originalmente en algún momento de 2008
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Caperucita Roja

La niña de la caperuza roja salio de casa de su madre con el tupperware lleno de tortilla española y pimientos rellenos bajo el brazo.

Al cruzar la avenida principal detuvo su golf en el semaforo en rojo. El ferocísimo lobo se acercó hasta el coche para limpiar los cristales.

Le mostró la foto de su pequeño lobezno al tiempo que llenaba de detergente la luna delantera. La niña de la caperuza roja rechisto señalando con sus manos los bolsillos del vaquero, dando a entender que no tenía nada. Bajó la ventanilla.

-Lobo feroz voy con una prisa mortal, le llevo a mi abuela la comida. La pobre esta esperando desde hace rato, me he liado con el movil y se ha hecho tarde.

El ferocísimo lobo le pregunto a la niña de la caperuza roja si le quedaba lejos. La niña se lo explico mientrás el semaforo cambiaba de rojo a verde. Arrancó el vehiculo, subió el volumen de la radio y empezó a tararear el último éxito de Alejandro Sanz.

Por las calles apenás circulaba nadie. Dos canciones mas tarde la niña de la caperuza roja aparcaba frente la casa de su abuela.

Apretó el telefonillo. Tercero D. Después de un rato corto no contestó nadie. Sacó unas llaves de su bolsito de piel y entró en el portal. Dentro del ascensor un intenso olor animal recorria las narices agujereadas con piercings de la niña.

-Ya estoy aqui.

La vocecita de la niña no obtuvo respuesta

En el dormitorio de la abuela descansaba el lobo feroz sobre la cama, con el gorro de ducha de la abuela en la cabeza y unas zapatillas de andar por casa en las patas apoyadas sobre la inmensa panza de la anciana.

-Lobo feroz, ¿pero que has hecho?

El ferocísimo lobo se incorporó en la cama tirando al suelo el cuerpo de la abuela al tiempo que encendia un cigarro.

-Mira bonita, yo solo he seguido el plan. De buenas a primeras, la vieja va y se muere del susto, asi, de repente.




Caperucita roja ahora estaba furiosa.

-Pero que plan ni que plan, a ti lo que te pasa es que eres tonto. Te dije comertela, devorarla, descuartizarla, ¿que parte no habías entendido?. ¿Pero que vamos a hacer ahora?

El lobo feroz y caperucita roja iniciaron una discusion.

-Al fin y al cabo vas a recibir la herencia igual. Ya sea por descuartizamiento animal o por acojone natural.

-Pero mira que eres tonto.

En un abrir y cerrar de ojos el ferocísimo lobo arranco de un bocado la cabeza de la niña, caperuza incluida.

-Venga abuela, para arriba, asunto terminado.

La anciana se levantó del suelo. Con la mano derecha recogio el pitillo que había estado en la boca del lobo, con la izquierda mesaba sus cabellos blancos mientras golpeaba con su pierna el cuerpo decapitado de la nieta.

Ya hablare yo con mi hija del tema de la niña, espetó la anciana mientra tres circulos de humo escapaban de su boca.

En ese momento, alertado por el ruido, entro por la puerta un cazador blanco. Antes de decir una sola palabra el cazador beso a la abuela en los labios. Miró al lobo y dijo con una voz profunda.

-Te estan esperando abajo

El lobo rebusco las llaves en los vaqueros de caperucita, guiño un ojo y se marchó pitando
Sentada en el capó del golf la loba esperaba de patas cruzadas.

-Has tardado mucho
-Cariño el cuento se ha complicado

Arrancó el coche y pasó su pata derecha sobre el hombro de la loba

-¿quieres tortilla?

Texto publicado originalmente en abril 2008